Corre el año 3013 de la Tercera Edad del sol. Hace ya 71 años de la muerte de Smaug y las ciudades de Valle y Esgaroth han sido reconstruidas. El Rey Brand reina en Valle mientras Dain I gobierna a los enanos de Erebor cuyas minas y talleres están abiertos de nuevo. El comercio a través del Celduin vive una nueva edad de oro y las naves viajan desde el nacimiento del río hasta su desembocadura transportando el vino de los llanos de Dorwinion, el grano de las praderas de Rhovanion, las tallas de los elfos del bosque, los metales las minas enanas y la vida de cientos de marineros.

25 octubre 2012

Cuarta Sesión - El Campamento de la luna llena.

A mediados de Febrero del 3014 T.E., en medio de uno de los inviernos más crudos que se recuerdan y que han dejado fuertes nevadas en el norte de Rhovanion, una docena y media de personas de orígenes dispares se han reunido en uno de los almacenes que Farman tiene en el distrito portuario de la Ciudad del Lago. Hob ha dedicado la mañana a recorrer la ciudad haciendo llegar a los ahora presentes en el almacén una nota del armador en la que les rogaba que acudieran a la sexta hora del día. Entre los allí reunidos se encuentra Beli el enano de las Colinas de Hierro y Deorhelm el gramuz. También Daeron del Bosque Negro, Leafar el mestizo y Holdred y Brand de Valle. 

Gurman ejerce de anfitrión y va de corrillo en corrillo agradeciendo la asistencia a todos los que se han respondido a la llamada de su hermano. A los pocos minutos el mismo Farman llega al almacén envuelto en un grueso abrigo de pieles. Junto a él se encuentra Chlodomir. El Maesta tiene una expresión sombría y camina despacio con la cabeza gacha. La llegada de ambos es recibida con un rumor que recorre la nave. Farman solicita silencio a los presentes y hace que se acerquen a él tratando de conseguir que su voz se eleve por encima de las demás. Se forma entonces un corro alrededor del los dos hombres y tras solicitarlo el armador de nuevo se hace finalmente el silencio. Tras meditar unos segundos como empezar su alocución Farman da primero las gracias a los presentes por mostrarle su afecto acudiendo a la reunión. Todos conocen a Chlodomir indica, y algunos, entre los que posiblemente se encuentra el mismo, pueden quizá albergar algún reproche al Maesta pero lo que viene a contarles transciende la política y les pide que le escuchen.

Chlodomir da entonces un paso al frente agradeciendo a Farman su ayuda. Sin grandes preámbulos y mostrando gran tristeza el Maesta narra como un correo ha llegado esa mañana desde Londaroth. Según le ha explicado el muchacho dos orientales han dejado abandonado frente a La Niebla a Morec, uno de sus empleados. Le habían quemado los ojos, cegándolo de por vida, y azotado con violencia. Morec dejó Esgaroth junto con Chlotar, la hija del Maesta, y otros seis hombres hace casi tres semanas. Chlodomir no sabe que negocios tenía entre manos su hija pues hace tiempo que no dedica tiempo a esos asuntos pero algo ha ocurrido pues según Morec una partida de sagath ha dado muerte a todo el grupo y ha tomado a Chlotar como rehén. Exigen armas y armaduras para equipar a un millar de hombres para liberarla con vida. Equipo que dicen que se les adeuda.

La última parte de la historia es recibida con gritos de “traidor” que secunda Beli con vehemencia, e incluso hay quien considera que la hija del Maesta lo tiene bien merecido. Farman interviene para calmar los ánimos. Chlodomir le ha asegurado que el no era consciente de que su hija estuviera tratando con orientales y él le cree. Según sabe los sagath han dado hasta la próxima luna llena para hacer el pago, de lo contrario darán muerte a Chlotar. Esta última frase es recibida con un “bien por ellos” desde las últimas filas.

Farman pide de nuevo silencio y les expone la situación. Como es obvio el Maesta no puede, ni debe, acceder al chantaje pues armar a tal ejército no traerá nada bueno, pero entiende que como padre desea recuperar a su hija con vida. Chlodomir está buscando a hombres valientes dispuestos a tratar de rescatar a Chlotar antes de que el plazo, que vence en diez días, se cumpla. Todos los reunidos le han demostrado a Farman que son hombres valientes y nobles, muchos de ellos puede que no tengan estima alguna por el Maesta o su hija pero la altura de mira de todos se mide en estas situaciones. Él no va a obligar a nadie y emplaza a aquellos que decidan participar de la empresa a presentarse en el puente al alba del día siguiente. Aquellos que acudan partirán primero hacía Londaroth para reunirse con Morec y desde allí tratar de localizar el campamento sagath. Chlodomir echa entonces una rodilla al suelo y con la cabeza gacha ruega que le ayuden. El es ya demasiado viejo para tal viaje pero ofrece 100mp a cada hombre si su hija sobrevive.

Tras esto Farman le ayuda a levantarse y agradece a todos de nuevo su tiempo dando así por terminada la reunión.

Algunos de los presentes, entre los que se encuentran Beli, Deorhelm, Daeron, Leafar, Holdred y Brand además de Guthwin y Eodoric, Gurman y algún otro joven de la ciudad debaten sobre lo que acaban de escuchar. La conversación sube de tono bastante rápido y Beli es el que parece menos dispuesto a arriesgar nada por rescatar a Chlotar. Tras un tira y afloja y alguna palabra más alta que otra el grupo se dispersa sin llegar a un acuerdo. 

Finalmente al alba del día siguiente todos ellos se presentan en el puente. Cuando todavía no ha salido el sol ya hay una decena de personas con su equipo y sus monturas esperando en la orilla del lago. Entre estos están Chlodomir y Farman aunque ellos no tomarán parte en la expedición. Si lo hará sin embargo Oreman, el hermano menor de Farman, y Thorald y Thorburn, los sobrinos del Maesta. El grupo está dirigido por Leovric, un hombre grueso con patillas negras y pobladas. Leovric es uno de los tres capitanes de la guardia de la ciudad. Junto a Leovric y el Maesta se encuentra Brander, un apuesto y próspero capitán del que las malas lenguas dicen que es el amante de Chlotar. Completan la expedición Guthwin y Eodoric y tres mercenarios. Holgeir es un hombre del norte alto y rubio. Recoge su melena en una trenza y trenza también los extremos de su poblada barba. Ha servido en la guardia de Esgaroth durante varios años y ya hace un lustro que ofrece sus servicios como escolta y guardián a los mercaderes locales. Mablung es un sureño de la costa de Belfalas, veterano del ejército de Gondor llegó a Esgaroth hace dos años y también se dedica a alquilar su hoja al mejor postor. Es delgado y estrecho de hombros y su barba rala y oscura oculta una cara picada por la viruela. Por último Lunt es originario de Valle, un hombre menudo y brabucón de espaldas anchas y la cabeza rapada.

Con el sol asomándose al este la caravana se pone en marcha tomando el camino hacía Londaroth y marcha a buen paso. La nieve cubre la campiña pero el camino está relativamente limpio pues en los últimos meses el tránsito entre ambas ciudades es relativamente intenso. El viaje dura unas dos horas que discurren bajo un cielo encapotado y gris pero sin sobresaltos.

El lago en su extremo sud está parcialmente helado pero el agua se ha abierto paso y cae con estrépito por el Lindal. Tras cruzar el vado la fila de jinetes se encamina directamente hacía La Niebla justo cuando una ligera nevada empieza a caer sobre ellos. Al llegar a la posada dos mozos se afanan en tomar las monturas y llevarlas al establo. El grupo accede entonces a la sala común y el propietario les ofrece una mesa y algo de beber.

Leovric rechaza la oferta y pregunta de inmediato por Morec. Este se encuentra en una habitación en el interior y Viloric, el posadero, le guiá hasta allí. Tras llamar a la puerta aparece un hombre calvo y grueso que al parecer es el sanador. Morec está débil y no es conveniente hacer que se altere. El sanador indica a la comitiva que solo cuatro hombres pueden entrevistarse con Morec y Leovric decide que sean él mismo, Oreman, Thorburn y el pesado de Beli que no acepta un no por respuesta.

La habitación pequeña y el hombre permanece tendido en un tosco lecho de madera y pieles. Tiene un vendaje sobre los ojos que le oculta la parte superior de la cara y otros apósitos sobre el pecho y los brazos. El sanador explica que al parecer le han azotado con un látigo o vara sin piedad pero lo peor son las quemaduras de los ojos que le han dejado ciego de por vida.

Leovric le hace varias preguntas sobre lo ocurrido y Morec narra con una voz entrecortada que más parece un susurro lo que recuerda.

Dejaron Londaroth hace unos veinte días. Eran algo más de media docena de hombres, además de Chlotar, y llevaban dos carromatos cargados con arcones de madera. El viaje fue muy duro pues la nieve les obligaba a avanzar lentamente tirando de los carromatos ya que las mulas apenas si podían hacerlos avanzar. Caminaron hacia el este por el camino que cruza la pradera en dirección a las colinas de hierro y alcanzaron el paso del carnero tras cinco días de viaje.

Allí organizaron un campamento y se dispusieron a esperar. Dos días después llegaron los orientales. No sabe decir cuántos, una docena quizá dos. Todo parecía ir bien, Chlotar conversaba con el líder y algunos de los sagath se encaramaron a los carromatos para inspeccionar la carga. Pero entonces todo se torció. Él estaba algo apartado, dando de comer a las mulas y no pudo ver bien de que se trataba pero el caudillo oriental alzó mucho la voz y parecía contrariado. Chlotar no se amedrentó pero el sagath la hizo caer de un empujón y de repente varias hojas se desenvainaron, las flechas volaron por doquier y la sangre tiñó de rojo la nieve.

Morec trató de huir pero un oriental lo alcanzó y lo derribó. A partir de ahí todo se vuelve confuso. Recuerda dos o quizá tres días de viaje a caballo, sin comer ni beber, con la cabeza tapada con un saco y recibiendo golpes. Después lo dejaron en el suelo, a la intemperie otros dos días quizá más. Creía que iba a morir allí mismo cuando lo pusieron en pie y lo arrastraron al interior de una construcción. Le retiraron la capucha y pudo ver una hoguera y varios orientales alrededor de esta. Chlotar estaba también allí, de hecho le levantaron la cabeza para que la viera. Tenía las ropas echas jirones y la cara sucia pero estaba viva. El caudillo oriental se acercó a él y le dijo – Mírala bien bastardo por que será la última vez que lo hagas. Vas a volver a casa y le dirás al cerdo de su padre que o me entrega lo acordado o el tampoco volverá a verla. Tiene hasta la próxima luna llena.- Entonces fue cuando le quemaron los ojos. Perdió el conocimiento lo recuperó no sabe cuánto tiempo después, viajaba de nuevo a caballo y unas horas más tarde le lanzaron frente a La Niebla.

Tras la narración Oreman y Thorburn permanecen en silencio pero Beli se decide a intervenir en el interrogatorio.  harán más preguntas que recibe respuestas vagas. Este era el primer viaje de este tipo que realizaba Morec y cuando Beli inquiere sobre el contenido de los arcones Thorburn no deja que Morec responda pues considera que es irrelevante para la empresa que tienen entre manos. Esto tensa la situación entre ambos. Nuevas preguntas de Beli reciben respuestas similares. De su estancia entre los orientales no puede aportar mucho. El lugar en el que estuvo era húmedo pero resguardado del viento. No le dieron de comer pero pudo matar la sed mascando la nieve a través de la capucha.

No puede precisar cuántos hombres había pero era una comunidad de cierto tamaño según cree por el número de voces y caballos que parecía haber.

Con esta información se reinicia el viaje. La propuesta inicial es dirigirse hacia el paso del carnero y tratar de encontrar indicios de la dirección que tomaron los captores de Chlotar. Tienen diez días antes de que el plazo venza y el primero de ellos terminará dentro de unas horas por lo que no pueden demorarse mucho o se arriesgan a llegar demasiado tarde.

El sendero que deja Londaroth hacia el este está cubierto de nieve pero es transitable por lo menos durante la primera hora y media de viaje mientras salva el macizo de colinas rocosas que flanquean la orilla oriental del lago y hasta la intersección donde el ramal que llega del norte se une al que avanza desde el este. Después de eso, una vez se desciende al llano, la cantidad de nieve va en aumento y es difícil seguirlo pues está escasamente transitado en esta época del año. Las roderas que debió dejar el grupo de Chlotar han desaparecido bajo las últimas nevadas y tampoco hay rastros nuevos de jinetes ni viajeros. Un fuerte viento helado llega del este y levanta la nieve recién caída formando una neblina espesa.

Frente a la comitiva se dibuja la segunda espina de colinas rocosas que encierra el valle y más allá de la cual se extienden las praderas del norte de Rhovanion. Puesto que deben avanzar a pie se verán obligados a hacer noche en el llano con la perspectiva de alcanzar el paso del carnero al día siguiente si el tiempo les es favorable. Al caer el sol Leovric envía Mablung y Eodoric en avanzada para que dejen el camino y encuentren un lugar seguro en el que resguardarse. Una hora más tarde Eodoric regresa tras localizar un refugio de pastores a unos diez minutos al sur de la senda.

Se trata de un edificio tosco de piedra con un techo bajo de paja seca. Esta medio enterrado entre la nieve cerca de un pequeño grupo de árboles. La edificación tiene una única puerta pequeña y achaparrada bajo un dintel de madera que da acceso a una única estancia. Esta es pequeña y el techo en interior bastante bajo lo que obliga a todos menos a Beli a andar encorvados. En la cubierta hay un hueco para dejar salir el humo de la hoguera situada en el centro. El suelo está cubierto de paja húmeda.

Puesto que el refugio es pequeño deben apiñarse unos contra otros para dormir. Se cocina una cena frugal y no hay mucha conversación. Leovric y Oreman acuerdan organizar guardias de una hora de duración para asegurarse que los lobos no atacan a las monturas ni que ninguna otra amenaza les sorprende. Durante la guardia de Brand este sorprende a Holgeir cuando este deja el refugio para salir a orinar. Durante la de Holdred una serie de ruidos provenientes del interior del refugio hacen que el capitán de Valle se inquiete. El hombre del norte se acerca a la puerta con cuidado y lanza un grito para asegurarse de que no hay nada por lo que preocuparse. Esto despertará a Daeron, Leafar y Beli que descubren a Lunt mientras remueve las brasas. Hace frío, dice, e intenta calentar un poco el ambiente.

Al salir el sol el grupo recoge sus cosas para iniciar la ascensión hasta el paso del carnero. Mientras recogen Thorburn echa en falta una daga con empuñadura de plata y monta en cólera. Exige a todos que vacíen sus petates para descubrir que la daga en cuestión está en la bolsa de Beli. Thorburn trata de zarandear al enano acusándole de ladrón y tras desenvainar, hace ademán de golpearle. Leovric lo impide pero Thorburn se deshace de él y hace ademán de acometer de nuevo. La situación es tensa y todos los presentes echan mano a sus armas. Thorald, Brander, Holgeir, Lunt y Mablung se alinean con Thorburn mientras el resto lo hace del lado del enano. Solo la mediación de Oreman y Leovric calma finalmente los ánimos una vez Beli ha entregado al sobrino del Maesta su daga.

El día, con un cielo gris y encapotado, discurre en un ambiente tenso. Thorburn y los suyos no dirigen palabra alguna a el resto. Pese a que el viento ha amainado la ascensión es dura pues hay que avanzar a pie tirando de las monturas. A medida que el collado se aproxima la senda se estrecha y pendientes rocosas se abren a un lado de esta. La nieve dificulta el camino y hay placas de hielo ocultas bajo que provocan varias caídas sin consecuencias.

Al caer la tarde el paso queda a la vista unas quinientas yardas al frente. En ese momento Daeron descubre una mano asomando de entre la nieve acumulada en un lateral de la senda. Al retirar la nieve aparecerá el cuerpo de un hombre del norte. Tiene cuatro saetas en el costado y la espalda y le han quitado las botas. Un poco más arriba se alcanza el paso del carnero propiamente dicho. Se trata de una angostura que discurre entre las dos cimas con paredes de roca salpicadas de nieve a izquierda y derecha. Tiene unos setenta pies de largo y solo diez de ancho en el punto más estrecho.

En un lateral hay un refugio natural en le que quedan restos de un campamento de hace semanas. La ceniza del fuego y algunas pertenencias de los últimos visitantes han quedado por el suelo. Se trata de objetos de uso cotidiano. Arrinconada en un costado hay una de las carretas calcinada. La otra está al otro lado del paso. Ha sido arrojada pendiente abajo y está totalmente destrozada. No hay rastro alguno de la carga que portaran.

Tras salvar el paso, varios cientos de pies más abajo, se extiende el llano del norte del Celduin cuya superficie nevada alcanza hasta donde llega la vista. La senda gira al norte pero un pequeño camino se separa de esta y toma dirección sureste. No hay huellas ni rastros que seguir. Puesto que el sol ha empezado a caer en poniente Leovric ordena acampar allí mismo para hacer noche y debatir qué dirección tomar al día siguiente. El recodo en el paso es el sitio más resguardado y, en apariencia, seguro. Se prende una hoguera y se coloca un centinela en cada boca del paso. Los caballos y ponis quedaran en el lado oeste.

El grupo está desanimado. Sin más pistas que seguir localizar a Chlotar en el llano es como buscar una aguja en un pajar. Mientras se levanta el campamento Leovric envía a Thorald y Daeron por el camino del norte para que avance durante una hora en busca de cualquier rastro que pueda ser útil y después de regresar. Brand toman la senda del sur con idéntica intención. Este último no descubre nada relevante pero una luces que tintinean en el horizonte llaman su atención pero decide no compartirlo más que con aquellos de su confianza cuando regresa.

Tras avanzar al paso durante unos cuarenta minutos Thorald y Daeron descubren parcialmente enterrado en la nieve el cuerpo de un hombre del norte. El hombre, sin botas ni posesiones de valor yace tumbado boca arriba en la ladera que desciende al llano. Tiene las manos atadas con una soga gruesa y un saco de trapo le cubre el rostro. Tiene varios hematomas y una herida profunda.

Una vez ambos grupos de exploradores están de vuelta y expongan lo descubierto la partida conviene en que a la mañana siguiente deben tomar el camino principal que se dirige al norte.

Tras la cena los expedicionarios se retiran a dormir. La experiencia de la pasada noche sin embargo provoca algunas discusiones sobre los turnos de guardia. El acuerdo final al que todos acceden es colocar dos centinelas de forma que estos puedan ver un extremo del paso y a su vez el campamento. Las parejas de guardia incluirán a uno de los partidarios de Thorald por un lado y a uno de los que a ojos de este son sospechosos de robo. Así pues los Leovric, Brander, Hoelgir, Lunt y Mablung en ese orden realizan sus guardias en el lado occidental mientras el resto lo hacen en el oriental. Hoelgir y Mablung doblan sus guardias cubriendo las de los sobrinos del Maesta que no hace ninguna. Beli comparte la suya con Brander y lo descubre quedándose dormido en su puesto. Tras ellos es el turno de Lunt y Leafar pero el enano tras despertar a su reemplazo decide reprender a Brander por su actitud. Mientras la conversación tiene lugar Lunt se disculpa y se aleja para orinar. Pasados unos minutos el hombre de Valle n oregresa por lo que leafar sale en su busca para descubrir que ha tomado el camino del oeste de regreso a Londaroth llevándose con él una de las monturas. Presto avisa a Beli y Daeron. El enano pone en alerta a aquellos que son de su confianza mientras Leafar y Daeron toman sendos caballos y tratan de dar caza a Lunt. La cabalgata por el resbaladizo sendero es peligrosa y tras varios traspiés sin grandes consecuencias ambos renuncian a continuar la persecución y regresan al paso del carnero. El grupo se reúne de nuevo y decide informar a Leovric de lo ocurrido. El capitán se muestra contrariado pero no hay mucho que se pueda hacer ya. Por la mañana informara al resto de la deserción de Lunt.

En su guardia la vista élfica de Daeron descubre los mismos destellos que ya viera Brand durante la tarde al sureste. Son apenas perceptibles pues se encuentran a por lo menos media jornada de marcha. Parpadean en la oscuridad como si se tratará de hogueras o teas. Los destellos intermitentes permanecen durante toda la noche y, a partir de su guardia, todos los que ocupan el puesto oriental podrán verlos alertados por los que les han precedido.

A la salida del sol el grupo se prepara para partir. Se reparte un desayuno frugal de pan negro y carne seca. Daeron y Brand deciden informar a Leovric de lo que vieran al sureste durante su guardia. Oreman sugiere que podría tratarse del campamento oriental aunque Thorald rechaza la idea sugiriendo que seguramente se trata de una granja Gramuz. Thorald insiste en tomar el camino del norte y seguir la pista que pueda haber más allá del cadáver encontrara. Es evidente que los orientales abandonaron allí al infeliz por lo tanto ese es el camino que debieron tomar.  Leovric y Oreman no están convencidos.

Finalmente, tras una fuerte discusión, Leovric propone dividir el grupo. El liderará a Brander, Beli, Deorhelm, Daeron, Leafar, Holdred y Brand hacia el sureste por el sendero para investigar las luces mientras Thorald avanza con el resto por el camino hacia el norte. Si las luces provienen realmente de una granja forzaran la marcha para dar alcance al resto del grupo en un día o dos a lo sumo. Pese a las discrepancias Thorald acaba por transigir admitiendo que el viaje será mucho más sencillo sin la rémora que supone el enano y que el dormirá mucho más tranquilo sabiendo que está lejos. Así pues Thorald y su hermano toman a los tres mercenarios además de Oreman, Eodoric y Guthwin.

En cuanto quede el tema zanjado ambos grupos se pondrán en camino. La intención de Leovric es descender por el sendero hasta alcanzar el llano y tratar de localizar el origen de las luces que se observaron durante la noche.

La senda es estrecha y obliga al grupo a avanzar en fila india flanqueados a derecha e izquierda por escarpadas laderas.  Cuando no han transcurrido dos horas desde que iniciaron la marcha Holdred descubre algo extraño ladera abajo. Entre la nieve asoma lo que parece ser una caja o arcón de madera. Brand, asegurado con varias cuerdas, desciende hasta él. El arcón que está cubierto de nieve y encajado entre unas rocas. El costado está abierto y tras retirar la nieve pueden verse repartidas por la ladera las puntas de lanza que contenía.

Desde la posición del arcón Brand puede ver un bulto mayor algo más abajo y a la derecha. Alcanzarlo requiere salvar un tramo muy difícil de ladera y desprenderse de la cuerda que lo asegura así que tras avanzar hasta el extremo de esta e identificar lo que parece el cuerpo sin vida de una mula decide retornar al sendero. Una vez el grupo se encuentra de nuevo reunido en el sendero Leovric se muestra optimista, quizá estén siguiendo una buena pista.

Alcanzar el llano les lleva más de lo previsto. Los últimos tramos de la senda son más amplios y cómodos pero hasta llegar allí cruzan varios pasos complejos con caídas peligrosas a su izquierda. Finalmente a medio día dejan las colinas a su espalda y se adentrarán en las praderas nevadas. El sendero es aquí difícil de seguir pues se pierde el rastro bajo la nieve y la tundra por lo que el grupo tiene que guiarse por sus propios medios para tomar la dirección correcta.

Tras dos horas de marcha, cuando las sombras de la tarde cubren parte de la pradera se topan con dos jinetes que guían a un grupo de caballos hacía el este. Los jinetes desaparecen rápidamente tras una loma guiando a las dos docenas de monturas por una hondonada a buen paso y virando al sur para desaparecer tras un grupo de árboles sin hoja.

El rastro que dejan es bastante claro tanto en la zona en la que reunieron a las monturas como en el recorrido que hasta desaparecer tras la ondulación del terreno siguieron.  Los orientales han hecho avanzar a los caballos alrededor del pequeño bosquecillo de hoja caduca para alcanzar un campamento levantado sobre una pradera nevada con una ligera pendiente ascendente. Este se organiza en tres cercados independientes construidos de forma tosca con troncos procedentes del bosquecillo. Las empalizadas tienen una altura que varía entre los cuatro y los siete pies de altura y no son compactas. Cada empalizada tiene una única amplia puerta de maderos con un cierre hecho con cabos gruesos.

El cercado más al sur, que también es el más pequeño y se encuentra junto a un arroyo, se utiliza de establo. Hacía el se dirigen los jinetes. En el interior hay cerca de un centenar de monturas. El segundo cercado en tamaño circunda tres yurtas, tiendas de forma circular construidas con pieles y estructura de madera típicas de los nómadas de Rhun. En el interior hay también dos carromatos de dos ruedas y en el centro un alto poste alrededor del cual hay cinco cuerpos tendidos sobre la nieve.

La empalizada principal se encuentra en el punto más elevado del prado y el recinto protege hasta nueve yurtas y varios carromatos. Varias docenas de hombres van de un lado a otro enfrascados en sus tareas. Hay quien va o viene del arroyo con agua, quien se ocupa de los caballos, hombres sentados sobre los cercados debatiendo en su lengua sobre temas banales y otros que asan carne en la hoguera junto a la yurta de mayor tamaño. Algunos hacen prácticas de tiro y de combate y otros remozan o reparan una yurta. Un grupo llega en ese momento desde el sur con una pieza de caza mayor. Es posible contar cerca de un centenar y medio de personas, la mayor parte de ellos orientales en apariencia aunque de vez en cuando aparece una mujer o dos mujeres de rasgos nórdicos de alguna de las tiendas del recinto principal que de forma ocasional recibirán algún golpe en el trasero o serán objeto de algún comentario que despertará carcajadas entre los presentes. Hay también media docena de perros de tamaños diversos que deambulan por el campamento.

Según cae la noche se prenderán teas y linternas en el perímetro de la empalizada principal y en el acceso del segundo recinto en tamaño. A través de los cerramientos de las yurtas emanará también un tenue resplandor producto de las luces en el interior. Por la noche media docena de orientales hacen guardia. Dos están apostados en el acceso al recinto principal mientras un tercero hace la ronda por el perímetro de este. Otra pareja se pasea por el exterior variando la ruta a su gusto y por último un hombre monta guardia sobre las rocas que quedan en el punto más elevado del prado tras la empalizada que acoge el número mayor de yurtas. 

Los expedicionarios pasan el día observando el campamento. Tras debatirlo han decidido no enviar a ningún jinete en busca de Thorald y los suyos pues no creen que puedan ser de gran ayuda. Desde luego no pueden enfrentarse de forma abierta a los orientales por lo que esa misma noche tratarán de infiltrarse y liberar a la hija del Maesta. Su plan es sencillo. Daeron, Leafar y Brand se desharán de los centinelas que guardan su puesto encaramados en unas rocas en lo alto de la ladera mientras Holdred, Beli y Deorhelm se acercan al cercado menor en el que creen que puede estar Chlotar. Leovric y Brander deberán avanzar entre las sombras hasta el establo para hacer huir a los caballos y crear una distracción si la situación se complica.

Amparados por la oscuridad el elfo del bosque, el mestizo y el hombre de Valle no tienen mayor problema en acabar con los centinelas. Tras hacer la señal convenida con una tea Daeron toma el puesto de los orientales vistiéndose con sus abrigo y su birrete mientras sus compañeros se retiran para tratar de reunirse con el resto. Holdred y Deorhelm se han acercado al segundo recinto y están a punto de saltar la cerca mientras Beli toma una posición de tiro con su ballesta preparada. Pero el gramuz y el hijo del cordelero de Valle tienen más problemas de lo esperado. No son capaces de entrar en las yurtas y se están tomando más tiempo de lo previsto. Esto hace que Leovric y Brander se impacienten y abandonen su puesto junto a los caballos para dirigirse al recinto principal. Daeron los observa desde su atalaya y decide descender para reunirse con ellos.

Mientras tanto Brand y Leafar han dado un rodeo a través del bosque y se unen a Holdred y Deorhelm. Finalmente penetran en las tres yurtas que encierra el cercado pero no encuentran lo que buscaban. En las tiendas pequeñas se almacenen materiales diversos mientras que en la grande hay dos docenas de mujeres del norte con las manos atadas mediante cabos gruesos y esposas de madera. Son mujeres jóvenes, de entre quince y veinte años, tienen hambre y frio y se muestran recelosas y asustadizas. Deorhelm encuentra a su hermana entre ellas pero Chlotar no está. Los hombres se organizan para hacer huir a las prisioneras sin que sean vistas pero su plan se tuerce de improviso. Un oriental se dirige al recinto decidido a tomar una compañera para esa noche. Beli decide que ya ha esperado bastante y abate al hombre con su ballesta pero eso alerta al resto de centinelas que acuden prestos a ver qué ha ocurrido. Mientras las últimas mujeres saltan el cercado y desaparecen en la oscuridad del bosquecillo tras este el campamento entero se ha puesto en pié.

Para entonces sin embargo Daeron, Leovric y Brander se habían dirigido a la tienda principal y tras evitar a los orientales borrachos que guardaban la entrada se abrieron paso hasta el interior con el mayor de los sigilos. Tras descubrir a Chlotar dan muerte de forma silenciosa a los caudillos sagath que dormitan envueltos en gruesas pieles y que no se han percatado de su presencia. Para cuando los centinelas  descubren al enano y al resto de sus compañeros ellos ya han puesto pie en polvorosa dejando atrás el campamento por el norte.

La huida precipitada por el campo nevado resulta más sencilla de lo esperado. Al haber descabezado al grupo de orientales el desorden se apodera de ellos y tardan en organizar una partida de búsqueda coherente. Para entonces el grupo ya se ha reunido de nuevo y enfilan hacia el paso del carnero. Aunque no avanzan todo lo rápido que quisieran debido al nutrido grupo de mujeres rescatadas que les obligan a ir a pie el tiempo que los sagath han tardado en organizarse es suficiente para que los perseguidores no den alcance a la comitiva hasta que estos no han alcanzado las primeras rampas del sendero que asciende por la montaña. En tan angosto camino la ventaja numérica de los orientales se diluye y, tanto la puntería de Daeron, Brand y Leafar, como las buenas artes de Beli, Holdred y Deorhelm mantienen a raya a los perseguidores rechazando dos intentonas de estos por darles caza. No consiguen evitar sin embargo que dos de las mujeres mueran producto de los certeros tiros de los arcos compuestos sagath.

Los orientales desisten de sus intentos al alba y el grupo no encuentra más impedimentos una vez han cruzado el paso. Finalmente lo comitiva alcanza la aldea al sur del lago dos días más tarde. Por el camino han perdido a otra de las mujeres por las heridas sufridas. Allí son recibidos por los locales que les facilitan alimento, calor y refugio. Un correo parte hacía Esgaroth con las noticias y cuatro horas después el Maesta en persona arriba al lugar en el que el grupo se encuentra refugiado. Chlodomir ha traído con él a una pequeña escolta formada por una docena de hombres de la guardia que parte de inmediato de regreso a Esgaroth con Chlotar dejando en Londaroth al resto de cautivos liberados.

Cuando los aventureros regresan a Esgaroth son recibidos por Farmanque les felicita, les agradece el esfuerzo y la ayuda prestada. Sin duda la próxima primavera habrá un nuevo Maesta.

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